Por: Jaime Ascencio
Lo que realmente importa
a estas alturas de mi vida
es que he vivido
y de lo que he vivido
de nada me arrepiento
he hecho lo posible de
ir recto
pero el camino, y no lo
digo por excusa
el camino me exigía
rectitud
teniendo al frente y a
los lados
calles rotas
cerca y lejos
abismos;
más de una vez
en procura de aliviar
mis temores
ante el desafío que me
imponía el principio
y después al aproximarse
el final
inventé mis propias
filosofías
y acorde a ellas he
vivido.
Me he equivocado, sí
varias veces
y el costo de cada
tropiezo
por el mal mío he
guardado silencio
pero por lo infringido a
terceros
he pagado un costo muy
alto.
Y sin protesta he puesto
primero una
después la segunda
mejilla
he mordido el polvo
he padecido en carne
propia
el fruto de mis
ilusiones fallidas
pero en fin
¿De qué sirve
arrepentirse?
De nada.
Eso sí, guardo por
principio vital
el perdón
Quien concedérmelo
quiera
si hubo alguna ofensa
mía
en tiempos que a mi
memoria escapan hoy que estoy con vida
humildemente se los
pido
y si la bondad de su
corazón es tanta
¡gracias!
y si no hay espacio para
concesiones de esa naturaleza
¡muchísimas gracias,
también!
Mi alegría no tiene
razón
aunque sí hay razones
para reír
estando en la tierra
hay que dar al sol y a
la gente
lo mejor que se nos dio
al nacer.
No me pasa nada
extraordinario
son cerca de las once de
la noche
y el deseo de escribir
le agarró la tarde,
esperó que cayera la noche
¡vaya romanticismo!...
Tengo nidos en el pecho
es porque la esperanza
de un nuevo sol
aviva la vida de quienes
habitan allí
y a mí me
entusiasma
verte, plácida con tu
sonrisa, renovada como el tallo en la rama.
Perdóname,
lo que he dicho es la
verdad
y no lo podía callar.
No sabe uno cuando es el
instante justo
en que estas cosas
necesitan salir a luz.
La luz que nos indique
el camino que hemos de
seguir.
Yo nunca te he dicho
cosas bellas
pero esta noche quiero
decirte
que mi camino has sido
siempre tú.
Tú que tampoco te
arrepientes
de amarme como me amas
sabes que te amo
a pesar que no me
arrepiento de haber vivido
como he vivido
pues en medio de la hiel
de muchas horas
la miel que he vivido en
los segundos contigo compartidos
son más
importantes
que los miedos que nos
persiguen con los años.