Por Jaime Ascencio
A pocas horas de finalizar un año y dar la bienvenida a otro, es menester hacer un alto en el camino y revisar lo andado estos 365 días. No para revisar con sesgos de culpa si logramos lo que nos propusimos sino para replantearnos nuestra propia vida y la que se desarrolla en nuestro entorno.
Los tiempos actuales no se parecen a los pasados y en ese sentido es de analizar cómo ha sido nuestra propia actuación como persona humana, porque es eso lo que marca el hoy y el mañana, el presente y el futuro.
No sirve de nada valorar nuestra existencia a partir de logros materiales, de metas que quizá nos dejaron sinsabores y acrecentaron nuestra insatisfacción. Vale más, y a esto quiero llegar, que seguimos con vida. Y los proyectos que no pudimos llevar a feliz término tenemos la oportunidad de hacerlos realidad.
Cuántos hay en el mundo que se ofuzcan porque una nueva cana se suma a su cabeza, porque la sonrisa ya no tiene la brillantez de los años mozos o porque las oportunidades se les esfumaron y las desaprovecharon. Insisto: seguimos con vida y, si la vida nos permite, que el logro se corone en el último momento de existencia en esta tierra, tendrá más mérito.
Vendrá, como ha sido costumbre, ese nuevo año, que para muchos se abre esperanzador, para otros con nubarrones en el horizonte. Pero eso pasa porque así queremos ver la vida que sigue en el minuto siguiente. La vida es demasiado hermosa como para estarla atando a excesos de optimismo o a excesos de pesimismo. La vida simplemente es. Saber vivir es un arte.
Quien no aprende a vivir sencillamente no vivirá... aunque exista físicamente...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada